
Hay lugares en Ecuador que todavía conservan esa sensación de descubrimiento. Sitios donde no llegan las multitudes, donde el silencio todavía se mezcla con el canto de las aves y donde el paisaje parece detenido en el tiempo. Uno de esos rincones está escondido entre las montañas de la Ruta Escondida, en el pequeño pueblo de Atahualpa. cerca de Puéllaro
Y aunque muchos todavía no lo conocen, quienes llegan hasta aquí terminan sorprendidos por algo inesperado: un cementerio lleno de cipreses tallados que recuerdan muchísimo al famoso cementerio de Tulcán.
El Cementerio de Atahualpa no solo llama la atención por sus jardines perfectamente cuidados, sino también por el ambiente tranquilo que lo rodea, las figuras hechas con árboles y las impresionantes vistas montañosas que lo convierten en uno de los lugares más curiosos y fotogénicos de la Ruta Escondida.
Cómo llegar al Cementerio de Atahualpa
Para llegar al Cementerio de Atahualpa es necesario hacerlo en carro, ya sea propio o contratado. Desde Puéllaro, el trayecto toma aproximadamente 30 minutos y atraviesa varios paisajes típicos de la Ruta Escondida: montañas verdes, curvas rodeadas de naturaleza y pequeños pueblos rurales llenos de tranquilidad.
Mientras avanzábamos por la carretera, el clima comenzó a cambiar poco a poco. Atahualpa es considerablemente más frío que Puéllaro, aunque sin llegar a ser extremo. La temperatura es fresca y agradable, perfecta para caminar sin el calor intenso que suele sentirse en otras zonas cercanas.
Eso sí, es recomendable llevar una chompa ligera o impermeable, porque el clima puede cambiar rápidamente y una pequeña lluvia puede aparecer en cualquier momento.
Lo primero que sorprende: los cipreses gigantes
Apenas llegamos al cementerio entendimos por qué tanta gente comienza a hablar de este lugar. Los cipreses tallados forman enormes figuras verdes que rodean los caminos del cementerio. Algunos parecen esculturas incas, otros tienen formas geométricas y varios recuerdan inmediatamente al estilo artístico del cementerio de Tulcán.
La diferencia es que aquí todo se siente mucho más tranquilo. No hay grandes filas de turistas ni ruido constante. Solo senderos silenciosos, el sonido de las aves y el viento bajando desde las montañas. Caminar por los pasillos del Cementerio de Atahualpa se siente más como recorrer un jardín artístico escondido que visitar un cementerio tradicional.
Un lugar que recuerda al cementerio de Tulcán
Es imposible no hacer la comparación. Quienes han visitado Tulcán seguramente encontrarán muchas similitudes en el estilo de los cipreses. Las formas talladas, los caminos verdes y el cuidado de cada detalle hacen que este lugar tenga una esencia parecida. Por eso muchas personas ya empiezan a llamarlo “el pequeño Tulcán de Pichincha”. Sin embargo, el Cementerio de Atahualpa todavía conserva algo especial: la sensación de ser un sitio poco descubierto. Todavía no aparece en todas las rutas turísticas tradicionales, y eso hace que la experiencia sea mucho más auténtica. Se puede caminar con calma, detenerse a tomar fotografías y simplemente disfrutar del ambiente sin prisas.
Un rincón perfecto para fotografías
Si disfrutas tomar fotografías, este lugar te va a encantar. Los cipreses crean escenarios naturales increíbles para retratos, fotografía de viajes y contenido para redes sociales. Dependiendo del ángulo, las figuras verdes parecen enormes esculturas naturales rodeadas por montañas y nubes. Además, la luz de la mañana hace que el lugar se vea todavía más impresionante.
Nosotros recomendamos visitarlo entre las 9 de la mañana y el mediodía, cuando la iluminación resalta los tonos verdes de los árboles y el cielo suele estar más despejado. Aun así, durante la tarde también se crean ambientes muy bonitos, especialmente cuando la neblina comienza a bajar lentamente sobre las montañas.
El sonido de las aves y la tranquilidad de la Ruta Escondida
Algo que nos llamó muchísimo la atención fue el silencio. No ese silencio incómodo, sino uno relajante. Mientras recorríamos los senderos del Cementerio de Atahualpa, lo único que se escuchaba era el canto de las aves y el movimiento del viento entre los árboles. Esa combinación hace que el lugar tenga una atmósfera muy diferente a otros destinos turísticos de Ecuador.
Aquí no vienes solo a “ver un cementerio”. Vienes a desconectarte un momento del ruido de la ciudad y a descubrir un rincón lleno de naturaleza y arte.
Qué más hacer cerca de Atahualpa
Uno de los mejores aspectos de visitar Atahualpa es que puedes combinar el recorrido con otros pueblos de la Ruta Escondida.
Muy cerca se encuentra Chavezpamba, un pueblo conocido por sus paisajes y por los tonos coloridos de su suelo, que crean escenarios muy distintos a los que normalmente se ven en otras zonas de Pichincha.
La Ruta Escondida tiene justamente eso: pequeños destinos que parecen sencillos, pero que terminan sorprendiendo muchísimo cuando los recorres con calma.
Más adelante también estaremos recomendando restaurantes y lugares ideales para comer durante la ruta, porque la gastronomía de esta zona merece un artículo aparte.
Consejos para visitar el Cementerio de Atahualpa
Si estás pensando en conocer este lugar, estos consejos pueden ayudarte:
Lleva ropa cómoda
Aunque no hace un frío extremo, Atahualpa sí tiene una temperatura más fresca que Puéllaro.
No olvides una chompa ligera
El clima puede cambiar rápidamente y podría llover un poco.
Visítalo temprano
Entre las 9 AM y el mediodía suele haber mejor iluminación para fotografías.
Lleva cámara o celular con batería
El lugar tiene muchísimos espacios fotogénicos.
Aprovecha para recorrer otros pueblos
La experiencia mejora mucho si haces toda la Ruta Escondida.
Un destino que poco a poco gana fama
Aunque el Cementerio de Atahualpa todavía no es uno de los lugares más famosos de Ecuador, eso está comenzando a cambiar. Cada vez más viajeros llegan atraídos por las fotografías de los cipreses, las comparaciones con Tulcán y la tranquilidad de este rincón escondido de Pichincha.
Y sinceramente, después de recorrerlo, entendemos perfectamente por qué. Porque a veces los lugares más especiales no son los más grandes ni los más conocidos… sino esos pequeños destinos que todavía conservan autenticidad, silencio y naturaleza.
Y el Cementerio de Atahualpa tiene justamente eso.

